viernes, 3 de junio de 2011
Perder los tornajos segureños es perder cultura, paisaje y biodiversidad
Dos tornajeras, la primera cerca de La Hoya de la Albardía y la segunda próxima a Don Domingo, ambas aldeas de Santiago-Pontones. Fotos: Javier Broncano
Poco a poco, los tradicionales tornajos de la Sierra van desapareciendo. Y con ello perdemos cultura, paisaje y biodiversidad.
Para quien no los conozca, los tornajos son abrevaderos que se hacían ahuecando un pino, que se colocaba junto a una fuente o manantial en pleno monte para retener el agua circulante y facilitar su disponibilidad para el ganado. El pino que se utilizaba era el salgareño, que es como aquí se le llama al pino laricio (Pinus nigra ssp. nigra). Al conjunto de varios tornajos, dispuestos de manera que unos vierten sobre otros, se le llama tornajera. Lo habitual en otras zonas de España es que estos abrevaderos se construyeran con piedra, pero aquí siempre tuvo más éxito el pino, tanto por su disponibilidad como por su resistencia, ya que, mientras el tornajo tenga agua, sus grietas se cierran por la dilatación de la madera y aguanta décadas.
Los tornajos van a menos. Muchos de ellos han sido sustituidos, primero, por abrevaderos de cemento, y después, por los metálicos. Estéticamente, un horror.
Con cada tornajo que se pierde, se nos va una porción de la cultura ganadera y sus oficios artesanos. Se nos va un elemento que da carácter y personalidad al paisaje serrano. Se nos va la huella y la memoria de las gentes que han modelado ese paisaje. Y para colmo, se nos va un poco de nuestro patrimonio natural, porque cada tornajo supone un pequeño ecosistema que saca su mejor partido a ese elemento mágico y siempre escaso que es el agua: estas pequeñas balsas de madera son un paraíso para los anfibios, entre ellos el pequeño sapo partero ibérico (Alytes dickhilleni), una especie exclusiva de las sierras del sudeste ibérico cuyos renacuajos prosperan felizmente en los tornajos, pero se cuecen en los abrevaderos de metal. En definitiva, los tornajos son un pequeño pero significativo exponente de todo lo bueno que ocurre cuando hay sintonía entre hombre, naturaleza y cultura (en el fondo, tres maneras de decir lo mismo).
Frente al bajo coste de los abrevaderos de acero inoxidable, ¿podemos permitirnos, como sociedad, el lujo de mantener los de madera? ¡Claro que sí! En tiempos de crisis esto puede parecer descabellado, pero como tantas otras cosas, es cuestión de prioridades. Por eso pido que se recuperen los tornajos en los terrenos públicos de nuestras Sierras y que se subvencionen en los privados.
Y como estamos demasiado acostumbrados a pedir subvenciones para todo, ¿qué tal si los ciudadanos también nos implicamos con nuestras propias manos? Mañana sábado se presenta en el castillo de Segura de la Sierra la creación, por parte de la Consejería de Medio Ambiente, de la Red de Voluntarios del Parque Natural. He ahí una oportunidad. Entre otras, claro.
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Javier, enhorabuena por la entrada y por tu sensibilidad con esos troncos perdidos que yo también miro con mucho cariño cuando los encuentro por ahí ya abandonados y pudriéndose... Es cierto que son un símbolo de la sierra y los serranos y que es una pena que se pierdan, entre otros muchos símbolos más, en la desidia y el olvido.
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