sábado, 25 de enero de 2014

Segura en Verde baja la persiana


Todo en la vida tiene sus ciclos, así que a este blog le toca ahora entrar en inactividad por un tiempo indefinido. ¡Muchas gracias a todas las personas que han cotribuído a mantenerlo vivo viendo las entradas, dejando comentarios y haciéndome sugerencias de manera personal!

Foto: estación del viejo tren minero de Rheidol Valley, Gales. Javier Broncano.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

El Puntal de las Buitreras: oír, ver, sentir la Sierra de Segura


Al Puntal de las Buitreras hay que subir a escuchar. Hay que sentarse y hacer como que no has visto nada para que no se te imponga el sentido de la vista, tan orgulloso siempre de sí mismo. Así que hay que acomodarse, cerrar los ojos y entregarse al oído, un sentido más discreto y desde luego el más intangible. Entonces oyes el viento que viene desde detrás, desde los altos y desarbolados Calares de Marchena, un ventarrón hondo, serio, que viene de largo y te va envolviendo en  anchas oleadas. Y, de tanto en tanto, escuchas otro viento, el que asciende desde el profundo valle del Segura. Es un aire más amable, menos grave, que nace del agua y se deja impregnar por el tempo del bosque que cubre las laderas. Sobre ese fondo de vientos puntean a veces los balidos de un rebaño de ovejas o el ladrido lejano de algún perro. Pero falta todavía el solo de esta sinfonía. Cuando los vientos callan, emerge otro sonido sutil, inesperado, sorprendente. Es un sonido aéreo también, pero esta vez tenue aunque bien definido. Tus oídos intuyen que ahora no es el aire quien tañe la materia, sino al revés. Quieres saber y tienes que abrir los ojos, qué le vamos a hacer. Y ahí están los buitres cortando el viento con sus alas poderosas, sin molestarse en batirlas. Cinco buitres, diez, veinte... La mayoría volando por debajo de tí, algunos muy cerca.

Rendido ya al sentido de la vista, que siempre acaba venciendo, gozas de las aguas azules de Anchuricas, que otras veces son de un verde que te atrapa, y del resto del valle del Segura, unos setecientos metros por debajo de tu vertiginoso promontorio. Y bueno, qué contar: un anchísimo panorama de montañas cuajadas de bosques, coronadas por roquedos y cantiles, salpicadas por minúsculas aldeas blancas (La Fuente del Esparto, Las Gorgollitas, Peguera del Madroño, qué nombres...)

Cuando, después de un buen rato absorto echas a andar por el filo del Calar de Hoya Herreros hacia Puerto Marchena, de tanto en tanto te asomas al abismo y te haces aún más consciente de la verticalidad de los cortados y los paredones que flanquean esta parte del valle del Segura a la altura de la aldea de La Toba, que queda justo debajo de nosotros, aunque no la vemos. El borde por el que caminas, a veces con cierta aprensión, es además una frontera entre dos mundos, porque si el del valle es el reino de los bosques y los farallones, la vertiente de la montaña en la que nos encontramos no puede ser más adusta: tierras altas, con montañas de perfiles redondeados y prácticamente deforestadas por el pastoreo secular. Es otro tipo de belleza, que en cierto modo recuerda la de los cercanos Campos de Hernán Perea: el atractivo de las grandes extensiones de territorio limpio de distracciones, donde la soledad se hace más patente y se disfruta con más intensidad. 

Sierra del Aire, tituló Manuel Alquife -hace ya tantos años- su inolvidable libro sobre la Sierra de Segura. Un territorio mágico donde aún se puede oír el vuelo del buitre por debajo de tus pies.





Fotos: Javier Broncano Casares
Os recomiendo esta entrada del blog Sendas del Sur, donde Jordi Flores Casasempere hace una estupenda descripción con magníficas fotos de su ruta desde la aldea de La Toba hasta el Puntal de las Buitreras y alrededores.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Guía de Senderos del Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas




Esta guía, publicada por la Junta de Andalucía en forma de pequeños trípticos denominados Cuadernos, recoge la mayoría de los senderos que han sido señalizados hasta el momento en el Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, con la notable excepción del más largo de todos ellos, el GR 247 Bosques del Sur. Los textos, fichas y mapas de estos Cuadernos son fiables y de buena calidad, por lo que, aunque se puede acceder a ellos en la web de la Junta, los he reunido en una carpeta y colgado en Dropbox para que puedan ser descargados sin tener que depender de los avatares que pueda sufrir dicha web. En la columna derecha de este blog habrá un enlace permanente a los Cuadernos. Es aconsejable consultar el primero de ellos, titulado “Guía de senderos y rutas”, porque ayuda a situarlos en el contexto del Parque, que es el mayor espacio protegido de España.

El mantenimiento de la señalización de estos senderos no es homogéneo. Una parte de ellos han sido señalizados por la Junta de Andalucía, que los mantiene en buen estado, y son los que en estos Cuadernos aparecen con la denominación “Sendero…” Los demás fueron señalizados por diversas entidades, como la Federación Andaluza de Montaña y los Grupos de Desarrollo Rural de las comarcas del Parque. Son los populares GR, PR y SL. En estos senderos es donde se pueden encontrar problemas, porque algunas de las citadas entidades no siempre cumplen su compromiso de mantenimiento. En cualquier caso, estos Cuadernos ayudan mucho a paliar esta posible falta de mantenimiento a la hora de orientar al usario de los senderos.

El Parque cuenta también, como decíamos, con el GR 247, que en determinados tramos se solapa con otros senderos y que sí cuenta con compromiso de mantenimiento por parte de la Junta de Andalucía. La guía completa y el mapa de esta gran ruta los podéis encontrar también en la columna derecha del blog. Ahora solo queda calzarse las botas y elegir ruta, sin olvidar que los senderos señalizados son solo una introducción a la interminable variedad de rutas que se pueden hacer por nuestras Sierras. ¡Buen camino!

jueves, 28 de noviembre de 2013

Torta de membrillo de Pontones y aguardiente casero de Tobos



 
Ya había desayunado al salir de casa, pero había que hacerlo otra vez por razones de mucho fundamento. Había que meter mano a la torta para afrontar con garantías la subida a Peña Bermeja. Además, todo en la vida tiene su momento, y las tortas por la tarde ya no son lo mismo, ni de lejos. En cuanto al aguardiente, es que era el primer día de frío de la temporada, y había que celebrarlo. Por si hacen falta más excusas, ambas cosas estaban recién compradas y además, ¿qué otra cosa mejor se puede hacer si el lavadero de la aldea de Tobos se cruza en tu camino y tiene un sitio donde sentarse al carasol? Que conste de lo del aguardiente han sido un par de chupitos, que luego había que ver la pantalla del GPS con cierta nitidez, no os vayáis a creer que voy por esos montes en plan bolinga. 

Y bueno, las barritas energéticas y las bebidas isotónicas son inventos muy ingeniosos y dignos de admiración, pero el senderismo serrano tiene sus propios recursos complementarios, incluso a veces, alternativos. Es más, hablando con propiedad, la verdad es que en la Sierra no se hace senderismo, ni siquiera montañismo, no digamos ya trekking o hiking. En la Sierra, de un sitio a otro, se va andandines. Y a los que andan mucho se les ha llamado, de siempre, andarríos, supongo que porque nadie andaba más que los pineros que conducían los salgareños río abajo hasta Sevilla. 

A la vuelta de los sobrecogedores calares de Marchena, ya en casa, saboreando el aguardiente de Tobos frente a la chimenea y escuchando a Marlango, uno se hace consciente de que, si hoy disfrutamos de ciertos placeres, es en gran parte, gracias a todos los andarríos de la historia que siempre, siempre, estuvieron en crisis. Brindo por ellos. 

Ah, y ¡qué vistas desde Peña Bermeja! Eso “quita el sentío” más que el carrasqueño de Tobos…

Foto: Javier Broncano Casares

viernes, 8 de noviembre de 2013

Aceites de Jaén: demasiado riego y poca innovación comercial





¿Qué relación tienen estas dos imágenes entre sí? La primera muestra un estante de la sección de aceites de un establecimiento londinense de Sainsbury's, cadena británica de grandes superficies. La segunda corresponde a las obras de la presa de Siles. Ambas fotos están hechas en octubre.

La imagen de arriba muestra unas botellas de aceite de oliva virgen extra de diversos países. Aunque no se ven todos, se ofrecían a los clientes aceites provenientes de Portugal, Grecia, Turquía, Israel e Italia, y en este último caso había incluso aceites de distintas regiones. No se vendían marcas, sino orígenes geográficos. Digamos que lo que destacaban las etiquetas era la marca-país de cada aceite. Y España no estaba. La marca España no parece muy relevante para vender aceite. No porque lo muestre la foto, que podría ser anecdótica, sino porque lo saben y lo dicen los expertos del sector. La foto sólo corrobora lo ya sabido: que España no tienen ni de lejos la cuota de mercado que corresponde a la cantidad y calidad de su aceite de oliva.

Ante esa situación, ¿qué hace Jaén, que produce nada menos que el 20% del aceite mundial, y de una gran calidad? Regar. No sólo, claro. Pero lo primero, regar, y luego ya veremos. Regar y regar para acrecentar la fuerza del tsunami de aceite malvendido con el que inunda cada año los mercados. Burro grande, ande o no ande. No importa que para regar haya que sobreexplotar los acuíferos de la Loma de Úbeda. Ni que se destroce el valle de El Maguillo, en nuestro Parque Natural, hasta que la Unión Europea se ha visto obligada a poner orden. Tampoco importa que la presa de Siles, con cuyas aguas se quieren regar al menos otras nuevas 4.500 hectáreas de olivar, arrase otro valle, cause fuerte erosión, le dé la puntilla al curso alto del río Guadalimar y acabe con una importante población de una especie de fauna protegida, el topillo de Cabrera, aparte de ser un pozo sin fondo presupuestario, al que han caído 10,5 millones de euros extra solo para estabilizar corrimientos de ladera no previstos en el proyecto. Todo sea por regar. Todo vale por una visión de la agricultura que corresponde ya a otro siglo: la de regadío a toda costa. Ante ese ansia ilimitada de agua, el eterno discurso de priorizar la calidad y la comercialización sobre la cantidad es música celestial. 

Inmaculada Herrador, Directora Plan Estratégico Jaén, decía hace unos días en El País: “El sector oleícola ha dado grandes pasos en los últimos años, sobre todo en la mejora de la calidad del producto. Pero aún tiene debilidades que debe superar para ser líder mundial en su comercialización como son la atomización de la oferta, la débil cultura empresarial, la existencia de explotaciones de bajo rendimiento o de pequeña dimensión —que dificultan las economías de escala— o la reducida profesionalización del sector”.

Sí, los problemas del olivar están bien diagnosticados hace largo tiempo, pero al final rara es la cooperativa o almazara privada que, si puede, no apueste por el riego, y más raro aún el político que no busque el voto fácil apoyándoles con entusiasmo. Y mientras, seguimos siendo la provincia con más aceite y con más paro de España. 

La buena noticia es que también hay quienes saben producir calidad, vender bien y al mismo tiempo respetar los recursos naturales. Andalucía -y Jaén, cómo no- tiene gente que innova y arriesga. En la estantería de debajo estaba este otro aceite, que se anuncia ante todo como ecológico, y además, como andaluz y español. A 25 euros el litro. ¡Qué arte para hacer aceite y qué arte para venderlo!


Fotos: Javier Broncano Casares

domingo, 13 de octubre de 2013

Guía del Sendero GR 247 Bosques del Sur en PDF




























Aquí tenéis en formato PDF la guía del Sendero GR 247 Bosques del Sur, así como el mapa general, de los que somos autores Pedro Ruiz Samblás y yo, con la colaboración de Juana María Martínez Palomares en el diseño de mapas y gráficos. Previamente a la redacción de la guía, hicimos el diseño del trazado del sendero y el proyecto técnico de señalización y acondicionamiento, siendo la Diputación de Jaén la entidad promotora del GR.

La guía comprende informaciones generales sobre el sendero y el Parque, la descripción detallada de todas las etapas con mapas y gráficos, y una serie de informaciones prácticas.  En la actualidad la versión en papel no está a la venta, ya que la edición realizada por la Diputación no es comercial. No obstante, esta institución ha puesto a disposición del público todos los contenidos de la guía en la web del GR, con la ventaja sobre el PDF de se incluyen los tracks de las etapas, además de que el formato es más fácilmente manejable a la hora de imprimir lo que interese. En cualquier caso, creo que es interesante poner a disposición de quien lo desee los PDF del libro y del mapa, por lo que a partir de ahora ambos enlaces estarán de forma permanente en la columna derecha este blog. Salud y buen camino.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Prohibición temporal de la explotación del sondeo para riego de olivar de El Maguillo - El final del culebrón está un poco más cerca


Hay novedades en el conflicto de El Maguillo. La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), después de imponer una disminución de la extracción de agua durante los meses de riego y hacer un control de la sostenibilidad del sondeo,  ha informado a la Plataforma Valles Verdes de la adopción de nuevas medidas.

La CGH concluye que, aún con las restricciones adoptadas, la explotación del sondeo "no garantiza la sostenibilidad ambiental en un ecosistema incluido en la Red Natura 2000, por lo que deberán cesar las extracciones".  Por tanto, la CHG impone temporalmente una prohibición de la explotación del sondeo e inicia un expediente de revisión de la concesión "que conduzca a la desaparición de las afecciones detectadas".

A estas alturas del partido no creo que nadie dude de que la conclusión de tal revisión no puede ser otra que la revocación definitiva de la concesión. Desde la Plataforma Valles Verdes lo llevamos pidiendo desde hace años, y nuestras razones han sido avaladas por varios informes técnicos, por la anterior directora del Parque Natural y ahora por la propia Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. Además, la Comisión Europea está siguiendo el asunto con gran atención, consciente de la importancia que tiene para un espacio protegido como el nuestro, y presiona a las autoridades españolas para que den explicaciones y tomen medidas. 

Sin esa presión de Bruselas, obtenida gracias a la tenaz actividad de la Plataforma Valles Verdes, nada se habría movido, como no se mueven tantas cosas en este país cuando la pasividad ciudadana deja campo libre a los intereses políticos y económicos de minorías poderosas. Y cuando hablo de minorías, no me refiero, por supuesto, a los regantes de Beas de Segura, sino a quienes los han conducido a un callejón sin salida, por acción o por omisión, jugando con los ahorros, las ilusiones y el futuro de muchas familias.

La Comisión Europea está esperando las explicaciones de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. La Plataforma Valles Verdes, también. No es tiempo de triquiñuelas, dilaciones ni regates en corto. Este culebrón ya dura demasiado, teniendo en cuenta que todo el mundo sabe que la explotación del sondeo no tiene ningún futuro. El futuro está en un olivar que apueste más por la calidad y la comercialización que por la cantidad, más por la sostenibilidad a largo plazo que por la utilización abusiva de los recursos naturales.





domingo, 25 de agosto de 2013

Autoprotección del senderista frente al fuego




La foto corresponde a una marca del sendero señalizado PR-A 182, que rodea el Cerro del Pavo, muy cerca de la aldea de Valdemarín. Todo el entorno boscoso del sendero fue arrasado en una tarde veraniega de 2005 por un terrible incendio -que contemplamos con impotencia desde Orcera- originado por una tormenta seca que descargó cientos de rayos y ni una gota de agua. No hubo daños personales pero, ¿qué habría pasado si aquella tarde hubiera habido senderistas recorriendo el camino, y además fueran personas que desconocen la zona?

Todos sabemos las normas para no provocar un incendio forestal, pero son mucho menos conocidas las medidas que debemos adoptar en caso de que el fuego nos sorprenda en medio del monte. Los senderistas, montañeros y amantes de la naturaleza en general debemos estar preparados para afrontar diversas eventualidades. En el caso del fuego, aunque normalmente hay un amplio margen para ponerse a salvo, es importante tener en mente una serie de normas básicas… “porsi”.

Los siguientes consejos están basados principalmente en los ofrecidos por la Dirección General de Protección Civil y Protección Civil de Aragón:

  • Antes de salir de ruta en época de riesgo de incendio, estudia bien el terreno, las vías de comunicación y los caminos alternativos, procurando caminar por zonas con amplia visibilidad.
  • Si observas un incendio, avisa urgentemente al 112 o autoridad más cercana y actúa según te indiquen.
  • Si el fuego es pequeño y puedes actuar sin poner en juego tu seguridad, atácalo por la base intentando apagarlo con agua o sofocarlo golpeando con ramas de árbol. Si no tienes agua, echa tierra de golpe sobre la base de las llamas. Sofocado el fuego, tapa las brasas y limpia de ramas su entorno.
  • Si te sorprende el fuego, aléjate huyendo en dirección opuesta a la del humo. Si observas que cambia la dirección del viento, estudia nuevamente los lugares por los que puedes escapar.
  • No te refugies en vaguadas profundas u hondonadas ni subas ladera arriba, salvo que sepas que existen lugares seguros. Ten en cuenta que las llamas ascienden por el monte, ya que el fuego trepa por las laderas como si fueran chimeneas. Huye cuesta abajo buscando la cola del incendio o en dirección perpendicular a la del avance del fuego, buscando las zonas laterales.
  • Respira por la nariz procurando cubrirte con un paño mojado la nariz y la boca.
  • Si te encuentras rodeado por las llamas, sitúate en la zona ya quemada o sin vegetación, siempre a espaldas del viento reinante.
  • Si te ves acorralado intenta protegerte de la radiación echándote al suelo detrás de una gran roca, un tronco o una depresión, cubriéndote con tierra o arena. Refúgiate en hoyos o arroyos.
  • No intentes cruzar las llamas para no quedar atrapado, salvo que veas claramente lo que hay detrás de ellas. Si no hay más salida, atraviesa el frente por donde sea más débil.
  • Si se te prende la ropa, no corras, sino échate a rodar sobre el suelo. Si dispones de una manta, cúbrete con ella para que el fuego se extinga por falta de aire.
  • Si estás en una edificación próxima al incendio, cierra las puertas, las ventanas y todas las posibles entradas de aire. Llama al 112 para comunicar tu situación. 
Foto: pino negral en el Cerro del Pavo tras el incendio de 2005. Javier Broncano Casares

lunes, 1 de julio de 2013

Sabinas, esencia del paisaje serrano



Las sabinas de nuestras sierras jamás chupan cámara. Raramente protagonizan fotos paisajísticas o recomendaciones de visita en la publicidad turística. No sirven de reclamo. No impresionan como los pinos salgareños, con los que ayer se hicieron catedrales y hoy lo son sus propios bosques; no tienen, como los acebos, la aureola de partisanos norteños que resisten en el sur; ni remotamente pueden competir con la belleza cromática de los arces en otoño; carecen de la magia de los robles, con su porte imponente y sus ramas retorcidas; ni tan siquiera pueden competir en tamaño y belleza con sus hermanas, las sabinas albares, que en otros lugares de España –Soria, Teruel, Guadalajara- no sólo siguen formando hermosos y solitarios bosques, sino que perviven bien visibles como elemento clave de la arquitectura popular.

Sin embargo, nuestra humilde sabina (Juniperus phoenicea), llamada sabina negra o mora, es el vivo símbolo de algunas de las virtudes que a uno le gustaría poseer: la tenacidad, la sobriedad, la resistencia y la discreción.

Los sabinares son una de sus formaciones vegetales más relevantes y características del Parque Natural, sobre todo en la Sierra de Las Villas. Aunque nada espectacular, el sabinar es muy atractivo, al menos para quien sepa apreciar la belleza de los troncos retorcidos agarrándose con inverosímil tenacidad a los suelos más descarnados y sacando partido de las fisuras de las rocas.  

Las sabinas protegen el suelo de corrimientos erosivos, sujetan la poca tierra en la que crecen y la enriquecen con materia orgánica, haciendo posible la vida de otros vegetales junto a ellas y alimentando a muchos animales silvestres con sus frutos que, además de ser abundantes, se mantienen largo tiempo disponibles en el árbol. Cumplen por tanto un papel protector y nutricio que ningún otro árbol o arbusto puede desarrollar en medios tan inhóspitos. Además, los sabinares son muy acogedores para determinadas especies endémicas del Parque, como la violeta de Cazorla (Viola Cazorlensis).

A menudo las sabinas crecen en el medio más hostil que se pueda imaginar: terrenos muy castigados por el sol en fortísimas pendientes, suelos pedregosos o incluso paredones verticales. Las semillas caen casi siempre en terreno infértil, por lo que sólo se propagan gracias a que los pájaros y otros animales que las comen dejan sus deposiciones en pequeñas grietas donde hay algo de tierra, lo que es suficiente para que la semilla agarre. Aguanta los contrastes térmicos que van desde las temperaturas por encima de los 40 grados a las intensas heladas, y resiste las sequías prolongadas, la baja humedad ambiental y los vientos más cortantes. Es, en definitiva, una superviviente nata. La Lancha del Lobo, en Las Villas, y la ladera izquierda del cañón del Zumeta (cerca del embalse de La Vieja) en la Sierra de Segura, don los excelentes zonas donde disfrutar de la presencia de sabinares.

Foto: Collado del Perenoso, Sierra de Las Villas. Javier Broncano Casares
 Aquí puedes ver un pequeño texto del botánico Alfredo Benavente sobre los sabinares del Parque.
La Etapa 8 del Sendero Bosques del Sur-GR 247 es propicia para observar sabinas.


martes, 11 de junio de 2013

Pastores bajo los truenos


No me extraña que existan escuelas de pastores: el oficio tiene miga. La foto está hecha el pasado jueves 6 de junio, en el cañón del Segura, a la altura de la confluencia del arroyo Patas con el río Segura (entre Poyotello y Huelga Utrera, no lejos de Pontones), e intenta reflejar los esfuerzos de tres pastores y varios perros carea para mover un numeroso rebaño de ovejas, que permanecía arriscado y totalmente paralizado, tal vez por la tormenta que acababa de descargar. Los ganaderos se desgañitaban, silbaban, emitían esa clase de gritos que sólo ellos conocen, gesticulaban con los brazos, movían enérgicamente sus varas, subían y bajaban con agilidad en torno al rebaño, pero las ovejas no movían ficha. Así durante un largo rato, hasta que empezó a llover de nuevo, esta vez mucho más fuerte. 

Mis compañeros y yo dejamos de observarlos y pusimos pies en polvorosa con paso ligero, ligerísimo, lo que no pudo evitar que nos calásemos hasta los huesos tras caminar durante una hora y cuarto bajo una lluvia intensa, adornada por truenos y rachas de granizo, para la que no íbamos muy preparados dado que la predicción de Aemet para el municipio de Santiago-Pontones era 0% de lluvia. Bueno, al final nos esperaba un vehículo y después una ducha caliente en casa. Pero, ¿y los pastores? Allí quedaron, con sus ovejas como estatuas de cera, emulando la legendaria escena de Amanece, que no es poco, donde las estáticas ovejas -también segureñas, por cierto- se dedicaban a "componer una escena". Seguro que los tres pastores acabaron sacando de allí a sus ovejas y culminaron su viaje trashumante, pero su caladura tuvo que ser mucho más desagradable que la nuestra.

Creo que no nos hacemos idea de las pesambres que pasan estos profesionales de la ganadería, ni siquiera los que los tenemos más o menos cerca, y no digamos el consumidor de una ciudad que compra unas chuletas de cordero pulcramente envasadas, y que ni siquiera sabe si provienen de ganadería extensiva. Para muchos de ellos, y para sus hijos, el campo es "ese horrible lugar donde los pollos se pasean crudos", como escribió Gabriel García Márquez allá por 1981. 

Unos cuantos rebaños de ovejas segureñas, en estado aún crudo, se dan cada año un par de paseos de varios cientos de kilómetros para desplazarse desde Sierra Morena hasta los pastos altos de Santiago-Pontones y viceversa, guiados por sus pastores, que con esta práctica ancestral aúnan economía y ecología. Se merecen un reconocimiento, mejor aún si es en forma de un precio adecuado para su exquisito producto, criado bajo el granizo, la solanera, el ventarrón y el nevazo. ¡Que tengan suerte!

Foto: Javier Broncano Casares