sábado, 24 de diciembre de 2011
jueves, 22 de diciembre de 2011
La Sierra de Segura parece condenada a ser escenario permanente de ejercicios aéreos militares
Los aviones militares siguen sobrevolando con regularidad la Sierra de Segura sin que la Junta de Andalucía haya hecho nada por impedirlo desde el grave incendio forestal provocado por un accidente en septiembre de 2009. También siguen produciéndose los episodios de estruendo por rotura de la barrera del sonido.
María González Talón es una vecina de Segura de la Sierra que hizo y colocó una pancarta de protesta el mismo día del incendio. Hoy sigue indignada porque los vuelos continúan realizándose y pide acción ciudadana. Estos son su texto y sus fotos.
"Estaba yo una plácida mañana de septiembre 2009 desayunando y
contemplando los montes que aparecen a través de la tronera del patio
cuando me atacó un vuelo rasante de caza, nunca nos acostumbraremos a
ese susto, a ese estruendo que llega y se va como un rayo, así, a unos
cientos de metros sobre nuestras cabezas de la Sierra y de Segura, ya
lo sabéis, llevan años así.
Pero aquel día unos minutos después del ataque a mariagonzalez
desayunando, y una vez recompuesta la contemplación y la mirada, y
feliz porque no se me había caído el avioncito en el café con leche,
veo que sale una columna de humo justo en la cuerda de los montes, el
caza se había estrellado, vinieron soldados a recoger los
"proyectiles" que llevaba ....y ardieron 300Ha ¿ lo recordáis? os hice
llegar la noticia ¿la dió la prensa? y las fotos del incendio, de la
pancarta que puse, duró un día, y la carta que escribí a El Pais, que
publicaron, aunque expurgada....¿recordáis?
Sí que hubo debate en la prensa acerca de la prohibición de jugar a la
guerra en el área del Parque y parecía que los juegos habían terminado
o por lo menos remitido pero, pero ahí tenéis las fotos que hice hace
dos días.
Llevan unas semanas de maniobras intensas, de nuevo sobre nuestras
cabezas ¿será para promocionar juguetes de guerra?
Os pido, como siempre, acción, ideas y sobre todo publicidad, prensa,
prensa y web, web.
Porque ¿nos apuntamos a Horacio o a Hamlet ?
Whether ´tis nobler in the mind to suffer
The slings and arrows of outrageous fortune,
Or to take arms against a sea of troubles,
And by opposing end them?
Esta que no es Ofelia."
No, no tenemos por qué resignarnos a sufrir "las flechas de un cruel destino", podemos optar por "luchar contra un mar de dificultades".
No, no tenemos por qué resignarnos a sufrir "las flechas de un cruel destino", podemos optar por "luchar contra un mar de dificultades".
Fotos: María González Talón
El Ministerio de Defensa dice no a la Junta de Andalucía
Un país maravilloso para efenderlo, no para ponerlo en peligro
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viernes, 16 de diciembre de 2011
Diciembre en la Sierra de Segura
Búho real (Bubo bubo)
Dibujo: Juan Manuel Valero Rodríguez
"Las más agrestes profundidades del bosque son escenario en las noches de diciembre de uno de los ritos nupciales que más impresionan: el del búho real, una de nuestras rapaces de reproducción más madrugadora. Durante horas, el macho se posa en sus cantaderos y hace sonar por barrancos y roquedos su llamada, tan profunda y poderosa que se oye en varios kilómetros a la redonda. La hembra le contesta en un tono algo más agudo y comienza una larga conversación de reclamo entre los amantes que continuará con persecuciones y piruetas en el aire, y finalizará con la danza del macho alrededor de su pareja que precede a la cópula.
El frío tampoco es problema para el buitre leonado, que inicia en diciembre las paradas nupciales desde sus altos cantiles desafiando al hielo, a la nieve y a la ventisca. Cuando la mañana está soleada, la pareja remonta su pesado vuelo y planea a gran altitud, muy juntos y en perfecta sincronía. La hembra inicia un picado que será imitado al milímetro por el macho y luego vendrán una serie de asombrosas acrobacias que parecen templar el gélido aire de la alta montaña.
Hubo tiempos en que diciembre era testigo de acontecimientos naturales que hoy parece increíble que sucedieran en la Sierra de Segura: el oso se aletargaba, el corzo perdía los cuernos, el lince maullaba para atraer a la hembra, el buitre negro exhibía su vuelo nupcial y el aullido del lobo añadía más hielo a la noche. Hoy ninguno está con nosotros. ¿Nos resignamos a rebajar los antiguos esplendores a la categoría de mitos?"
Del libro "La Sierra de Segura. El Sur Verde"
Javier Broncano y Joaquín Gómez
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jueves, 8 de diciembre de 2011
Se confirma el grave impacto del sondeo de El Maguillo – La concesión debe ser revocada
En El Maguillo se seca el bosque de la zona alta de la Sierra de Segura para regar los olivos de las tierras bajas.
Foto: Plataforma Valles Verdes
Los expertos de la Universidad Pablo de Olavide han confirmado los impactos negativos del sondeo para riego agrícola de El Maguillo (Beas de Segura). Las conclusiones del estudio sobre la situación hidrológica al final del estiaje 2011 son claras: la sustracción de agua subterránea para regar los olivos está secando fuentes, pozos, manantiales y arroyos.
Por otro lado, me consta que algunas sucursales bancarias de Beas de Segura han prospectado discretamente entre algunos miembros de la comunidad de regantes sobre el futuro de la inversión realizada. Dicho de otra forma, el fino olfato de los bancos les sugiere dudas sobre la viabilidad del proyecto como consecuencia del alto impacto ambiental que está causando y, por tanto, no ven del todo clara la devolución de los préstamos que han hecho a los regantes.
Es probable que la Consejería de Medio Ambiente siga prestando apoyo político –soterrado, pero innegable- a una comunidad de regantes que se ha metido voluntariamente en una aventura. Pero no perdemos la esperanza de que, en lugar de mirar de reojo a los votos, opte por afrontar la realidad y dar alguna credibilidad a la apuesta que dice hacer por la sostenibilidad del olivar y por redireccionar la agricultura jiennense desde la cantidad hacia la calidad. Eso implicaría pedir a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, no ya la revisión de la concesión de El Maguillo, sino su revocación inmediata.
Mientras, el trabajo incansable e impecable de la Plataforma Valles Verdes merece el apoyo de todas las personas que deseamos que las Sierras de Segura, Cazorla y Las Villas sigan siendo uno de los grandes espacios naturales europeos que aún conservan su esplendor.
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viernes, 2 de diciembre de 2011
Axel y Maro consiguen que las aldeas recuperen sus nombres
Estos dos chicos de El Robledo están consiguiendo su objetivo de que las aldeas de Segura de la Sierra tengan su nombre puesto a la entrada, como debe ser. Hicieron un reportaje fotográfico mostrando la clamorosa ausencia de carteles indicadores en muchas aldeas y después le pidieron al alcalde que arreglase el problema. Hoy, algunas aldeas ya tienen paneles mostrando orgullosamente esos nombres sonoros, bellos y expresivos con que fueron bautizados por la gente muchas generaciones atrás.
Axel y Maro parecen también estar orgullosos de ser de El Robledo y de haber conseguido que su aldea y otras muchas luzcan algo tan básico para la identidad de sus gentes como es el nombre. Gracias, chavales, y gracias también al alcalde de Segura de la Sierra por haber sabido responder al reto que le plantearon. Y a ver si cunde el ejemplo, porque quedan muchas, muchas aldeas de la Sierra de Segura que siguen siendo dolorosamente anónimas.
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miércoles, 16 de noviembre de 2011
La crisis vista desde una aldea deshabitada de la Sierra de Segura
El otro día, para escapar del ruido mediático en el que estamos inmersos, me fui a la cortijada abandonada de La Cerecera para ordenar mis ideas sobre la prima de riesgo y la deuda soberana.
Las eras de las aldeas deshabitadas son lugares muy saludables porque siempre están en sitios ventilados, donde antiguamente se aventaba el grano y hoy puedes poner a orear el cerebro. Echar un buen rato en una de estas eras solitarias provoca una fusión agridulce de sensaciones. Como su emplazamiento es por necesidad abierto, siempre tienes risueñas vistas hacia las montañas circundantes. Pero su vecindad inmediata es la de las ruinas de las casas despobladas. Así que tu mente se encuentra ante el reto de gestionar sentimientos encontrados: belleza, plenitud e intemporalidad frente a melancolía, decadencia y fugacidad del tiempo. No sé qué harán otras mentes en esas situaciones de flagrante dualidad, pero la mía suele resolver el atasco ordenándome atacar la tortilla de patatas que me llama desde la mochila.
Después de la comida, la siesta española -aquí denominada mocholá- y el té inglés, uno ya puede mirar el mundo desde un nivel más elevado de conciencia, y es entonces cuando se te revelan las verdades que has venido a buscar. Sobre la prima de riesgo, por ejemplo, vi claro que la situación de los antiguos habitantes de La Cerecera no era envidiable, porque su prosperidad dependía de cómo viniese el tiempo cada año, de lo que Dios quisiera, con lo que el diferencial de su riesgo de pasar gusa era francamente elevado en relación a los habitantes de la ciudad. Ahora casi no dependemos de contingencias meteorológicas, pero estamos sometidos a la variación en el diferencial entre el bono español y el alemán, asunto que también afecta a nuestra subsistencia y sobre el que tenemos el mismo control que los cereceros tenían sobre las heladas y las tormentas a destiempo. Así que no digo yo que no hayamos progresado, pero no tanto como creemos: seguimos dependiendo de poderes opacos y caprichosos. Los cereceros, al menos, tenían sus propios recursos y habilidades para resistir cuando las cosas pintaban realmente mal, no como ahora, que no nos queda más que votar (cosa que también es digna de ser apreciada, la verdad; en su momento, algunos nos vimos entre rejas para poder llegar a hacerlo).
En cuanto al espinoso tema de la deuda soberana, en la era de La Cerecera llegué a dos conclusiones. La primera, que la que es soberana es la deuda de respeto que tenemos contraída con todas las generaciones de cereceros y cereceras que en el mundo han sido, porque sin su trabajo de siglos a base de pico, pala y hazada, hoy, en vez de disfrutar de un precario estado del bienestar, estaríamos directamente comiéndonos los mocos. Y la segunda, que los cereceros y las cereceras no tenían deuda alguna con el entorno del que formaban parte, mientras que ahora la huella ecológica de cada españolito es de 6,4 hectáreas, es decir, que necesitamos la superficie de tres Españas para producir los alimentos y materiales que consumimos, para absorber la cochambre que generamos y para proporcionar espacio a las infraestructuras de todo tipo que construimos. Otra deuda verdaderamente soberana que impepinablemente se paga.
O sea que, como diría un serrano, “hemos pasao de lo enjuto a lo regao”. Así que entre todos habrá que buscar un término medio, de manera que no gastemos lo que no tenemos, y menos por adelantado. Y, sobre todo, que no dependamos de los rayos y granizos que nos sueltan Los Mercados, siempre ansiosos, siempre inclementes.
Dejé La Cerecera con los últimos rayos del sol pintando de sepia los paredones de Peña Rubia y esmaltando con sus últimos brillos el ocre otoñal de los robles del camino. Al poco empezó a hacerse oír el cárabo. En momentos así, la deuda, la prima de riesgo y hasta lo que pueda pasar dentro de un rato, te importa un rábano. Es lo que tiene la montaña.
Fotos: aldea de La Cerecera
Javier Broncano Casares
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jueves, 10 de noviembre de 2011
Nuestros pinos salgareños lo dan todo
Este pino salgareño de Los Poyos de la Mesa, viejo, retorcido y cubierto de cicatrices y muñones, lleva inscrita bien visible buena parte de su larga hoja de prestaciones como servidor público.
Fue útil a los de nuestra especie cuando necesitaban la tea para iluminar sus pobres cortijos. Ahí siguen las marcas del hacha en la base del tronco, recordándonos, de paso, de dónde venimos...
Regala solares gratis para que los líquenes se instalen cómodamente…
Es hospitalario con los pájaros carpinteros, a quienes da toda clase de facilidades para que construyan sus apartamentos con vistas al Valle del Guadalquivir…
E incluso cuando sus gruesas ramas se desploman, se dejan vaciar y se convierten en acogedoras cuevas para toda clase de animales y animalillos…
Los árboles nunca buscan la jubilación. Mueren discretamente pagándonos la nuestra, porque sin ellos no hay futuro.

Fotos: Javier Broncano Casares
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jueves, 3 de noviembre de 2011
Noviembre en la Sierra de Segura
Fruto de tejo
Foto: Javier Broncano
"Se anuncia ya el invierno, que llega primero a las zonas altas, donde pinta de blanco las cumbres y calares. Se adormecen los procesos vitales de casi todas las especies. Mueren moscas y mosquitos, arañas, avispas y mariposas, mientras hormigas, mariquitas y abejas silvestres se aprietan en cualquier hueco para defenderse del inminente invierno. Y sin embargo, es ahora cuando comienza el celo de la cabra montés. El aire frío esparce por los altos roquedos los efluvios sexuales de las hembras, y los machos abandonan sus remotos escondrijos para deambular solitarios en busca de los harenes. La rivalidad entre ellos se resuelve a veces con una simple ostentación del tamaño del cuerpo y de la cuerna, pero a menudo se enzarzan en espectaculares peleas que hacen correr el eco de los topetazos por calares y quebradas.
Abajo, los olivares están preñados de esperanza. Negrea la aceituna, haciendo cuerpo en su interior con infinita paciencia el jugo que pronto será el fruto más preciado de esta tierra: su aceite. Las nogueras nos dan su fruto, esas nueces serranas pequeñas pero mucho más sustanciosas que las que tanto abundan en las tiendas. Florece el romero, que en realidad lo hace durante casi todo el año, y sigue siendo tiempo de setas. Amarillean el fresno junto a la fuente, y el olmo montano a la vera del arroyo. El roble, esencia y testigo de la vieja historia de nuestros bosques, parece más verdadero que nunca cuando, en noviembre, viste su manto ocre de sabio anciano y pobre".
Del libro "La Sierra de Segura. El Sur Verde"
Javier Broncano y Joaquín Gómez
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lunes, 24 de octubre de 2011
Sierra de Segura, un patrimio histórico abandonado
Torre de El Cardete
Foto: Javier Broncano Casares
Se nos muere el patrimonio histórico en medio del abandono y la indiferencia. Nos hemos acostumbrado a ver los torreones hispanomusulmanes de la Sierra de Segura ruinosos, pero en pie, y nos parece que siempre estuvieron y estarán así. Y hay que recordar lo obvio: un día tuvieron un aspecto pujante y otro día se vendrán abajo. Entre ambos días habrá siglos de por medio, pero todo llega.
Tres de esos torreones, los de Santa Catalina, se ven desde mi casa. En los días de temporal miro instintivamente para ver si aún están erguidos. Compruebo con alivio que ahí siguen y sé que seguirán, pero sólo hasta que el tiempo tome las decisiones oportunas. Entonces todo serán lamentos. Nos preguntaremos por qué sólo uno de ellos había sido restaurado, dejando en el abandono los otros dos y todos los demás que están diseminados por la comarca. Por qué hemos hablado tanto del patrimonio, e incluso le hemos dedicado planes y medios económicos, mientras seguíamos viendo cómo el patrimonio real se deterioraba de manera lenta, casi imperceptible, pero inexorable. Nos preguntaremos cómo fuimos tan borricos de no cuidar muchas de las fortalezas medievales segureñas como tesoros, cómo no las pusimos en valor, cómo no las restauramos, arreglamos primorosamente su entorno, las señalizamos, las interpretamos y las hicimos accesibles, todo ello para mayor gloria de la comarca y para disfrute de vecinos y visitantes.
El torreón de la foto es el del Cardete, en el municipio de Benatae. Mientras se sigue desmoronando, rindámosle homenaje recordando el poema que le inspiró a Manuel Alquife. Forma parte de su extraordinario libro Calicanto, publicado en 1995 en una reducida edición numerada, con dibujos de Francisco Cerezo. Treinta atalayas, treinta dibujos, treinta poemas. Decía Lola Suardíaz en el prólogo: "Es lógico que la Sierra de Segura, abandonada, despojada, con un sólido pasado y una enorme dignidad presente, haya inspirado esta obra a los autores. Es musa, modelo y símbolo. Ellos, en pago, la han guardado en un hermoso estuche y la han hecho imagen y metáfora de nuestras propias vidas". He aquí el poema:
Atino en la granada a medianoche
aún sin luna.
La oigo crujir,
soltar sus granos de sangre
y a la tierra seca absorber sus brasas
quemarse en silencio.
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miércoles, 19 de octubre de 2011
Rurales en el 15-O
El pasado sábado formé parte de la nutrida y vibrante demostración de ciudadanía del 15-O en Madrid. Me dio alegría ver a un grupo de personas que llevaban pancartas con el lema "poder rural" porque, por el momento, el disperso y adormecido mundo rural está a la cola de un movimiento que aspira a algo tan simple como que la política se haga en función de los intereses de las personas.
Nadie debería estar más interesado en el empoderamiento de la ciudadanía que el mundo rural. ¿Se conoce algún otro sector donde sea el comprador quien fija el precio del producto? ¿Le decimos los consumidores al frutero lo que le vamos a pagar por las patatas? Pues eso es lo que le dicen al agricultor de Jaén los poderes fácticos de la distribución y la comercialización del aceite, por ejemplo. Viva el mercado, incluso el global, pero el mercado original, con transparencia e igualdad de oportunidades para competir, sin monopolios ni privilegios. Hemos olvidado aquello de "la tierra para el que la trabaja", pero es que incluso debemos recuperar otra idea históricamente muy anterior: el mercado, para el que se lo curra. Hoy, hasta Adam Smith estaría indignado.
Además, el mundo rural necesita políticos que lo hagan valer. Que sepan y sientan que la agricultura, la ganadería, la pesca y la conservación de los paisajes están en la base de todos los demás procesos productivos. Políticos que tengan claro por qué las palabras cultivar y cultura tienen la misma raíz etimológica. Políticos que no se dejen seducir por el progreso facilón basado en el ladrillo, el pelotazo financiero y la insostenibilidad ambiental, sino que fomenten el trabajo productivo real aplicando a todos los ámbitos de la sociedad la vieja pauta campesina de sembrar, cuidar y multiplicar. Si así fuera, seguro que el viejo liberal Adam Smith volvería a su tumba más tranquilo.
Y no digamos si, a la hora de votar, tuviéramos listas abiertas donde pudiéramos elegir a quienes tienen una trayectoria real de defensa del mundo rural y del territorio que aspiran a representar, y no a un grupo cerrado de funcionarios de tal o cual partido. Eso sí que sería competencia.
De estos asuntos hablará hoy en Madrid José Bové, eurodiputado verde de Europa Écologie y portavoz de Vía Campesina.
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