jueves, 11 de octubre de 2012

La Junta de Andalucía no tiene respuesta para el tiroteo de un ciervo en Collado del Almendral


Purificación Gálvez, delegada del Gobierno andaluz en la provincia de Jaén, ha justificado la cacería en el pequeño parque vallado de Fauna Silvestre de Collado del Almendral diciendo que "no es ninguna medida extraordinaria que se haya tenido que adoptar, sino que sirve para que los animales que tenga que haber en el Parque Natural sean los necesarios y que no haya superpoblación que pueda interrumpir el normal hábitat de las especies" (sic). Lo cual es una obviedad, porque nadie pone en cuestión que sea necesaria la caza para mantener el equilibrio ecológico, a falta de los predadores naturales de los grandes ungulados. Pero la cuestión no es esa, para nada, sino el hecho de que se permita abatir un ciervo a quemarropa, en un lugar donde no tiene defensa ni escapatoria alguna, y donde además los animales están acostumbrados a la presencia humana. Un lugar especial que siempre ha estado dedicado al uso recreativo y educativo.

Por tanto, la delegada ha dado la respuesta correcta a una pregunta equivocada. Lo que no sabemos es si esa pregunta se la ha hecho alguien o se la ha formulado ella a sí misma para facilitarse la respuesta. La cuestión no es que se cacen ciervos, sino que se cacen ahí y de esa forma.

En cuanto a la justificación de emplear el dinero reportado por la cacería en la compra de pienso para dar de comer a los animales de Collado del Almendral, es otra simpleza, porque ese mismo dinero se obtiene con la caza de cualquier otro animal similar en libertad en el Parque Natural. Permitir la caza de animales semicautivos en una pequeña zona vallada es una torpeza que daña gravemente la imagen del Parque Natural, que presume merecidamente de ser uno de los mejores espacios ibéricos para la fauna salvaje.

La pregunta que aún no ha contestado la Junta de Andalucía es si una imagen como la de arriba será desde ahora la que sirva para publicitar el Parque de Fauna Silvestre de Collado del Almendral, que es presentado en la web oficial del Parque Natural como  un lugar donde "observar, sin dificultad, a los grandes ungulados que habitan estas sierras, en el que ciervos, gamos, muflones y cabras monteses viven en semilibertad, por lo que sólo habrá que caminar en silencio para sorprenderlos alimentándose en algunos de los comederos.” No está bonito que a los animales de Collado del Almendral los mate la mano que les da de comer, salvo que el lugar se quiera convertir en una granja ganadera.

Sobre la legalidad de cazar en El Collado del Almendral, me hago eco de la fundada opinión de Andrés Martínez Olmedo, administrador del Foro SIERRAdeCAZORLA.com:
"En mi opinión es de derecho imposible que los permisos estén en regla: dudo mucho que haya plan técnico para cazar en un equipamiento de uso público. Con arreglo al Reglamento Andaluz de Caza ese tipo de instalaciones deben considerarse zona de seguridad aún en el caso de que estuvieran dentro de un coto. Si se hubiera usado la figura de la caza extraordinaria por la densidad de población, a falta de plan técnico deberían haberlo matado técnicos de Medio Ambiente. Dicen que está previsto en el Plan de Área, pero hasta donde yo se ni siquiera está aprobado!!"

Foto:  ethicalgreenworld.wordpress.com

martes, 9 de octubre de 2012

Increíble: permiten abatir un ciervo en el pequeño parque vallado del Collado del Almendral. Lo que está en juego es la imagen del Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas




Si no fuera porque tengo a Diario Ideal por un medio serio, no podría creerme lo que publica hoy.  La Consejería de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente ha permitido la caza de un ciervo en el Parque de Fauna Silvestre Collado del Almendral a alguien que ha pagado entre 2.000 y 3.000 euros para colgar en casa su trofeo. Para quienes no conocen nuestro Parque Natural, aclaro: el citado Parque de Fauna Silvestre es un área vallada, de reducida superficie, donde la  administración mantiene en semilibertad unos cuantos ejemplares de cabra montés, ciervo, gamo y muflón. Siempre ha sido una de las infraestructuras del Parque Natural más populares y visitadas, teniendo un alto valor turístico y educativo. 

Según Ideal, la Junta justifica la cacería en la falta de medios económicos para suministrar pienso a los animales, afirmando que gracias a ese dinero se ha podido seguir comprando alimento para el resto de animales. Brillante idea. Supongo que  los luminosos técnicos que han tenido la ocurrencia lo justificarán con el famoso argumento de la puesta en valor de los recursos naturales. Es probable que hayan pensado que, si el Organismo Autónomo de Parques Nacionales ha autorizado la caza en alguna zona donde nunca antes se había permitido, con el fin de sanear sus presupuestos en tiempos de crisis, ¿porqué no hacemos aquí lo mismo? Y si hacer lo mismo aquí es imposible, porque la caza está permitida de toda la vida de Dios, ¿cuál es el único sitio que tenemos donde nunca se ha cazado? ¡El Parque de Fauna Silvestre! ¡Seguro que hay alguien dispuesto a soltar una pasta por el morbo de entrar a ese corral a tumbar un buen venado! Y sí, claro, lo ha habido.

A mí me parece, sin embargo, que los tales técnicos, o gestores, o como quiera que se llamen, tienen ideas algo toscas acerca de la puesta en valor. Miren, este Parque Natural lleva veintiseis años puesto en valor a nivel nacional e internacional mediante una imagen que vale su peso en oro: la de un gran espacio protegido con una espectacular fauna silvestre en libertad. El espacio donde Félix Rodríguez de la Fuente grabó algunos de sus mejores documentales sobre la fauna ibérica. El espacio que vuelve a ser sobrevolado por el quebrantahuesos. Esa es la imagen que hasta ahora ha tenido este Parque Natural, la más veraz y auténtica, la que más valor aporta. Esa imagen se ha desplomado al mismo tiempo que el ciervo abatido contra la valla del Collado del Almendral. 

Para evitar malentendidos, quiero aclarar la obviedad de que este no es un asunto de legalidad ni de conservación. Puede que cazar una pieza en el Collado del Almendral sea legal. Tampoco produce un daño ecológico especial, porque al fin y al cabo el ciervo abatido es uno más de los que se cazan cada año en el Parque Natural. No, este es un tema ético y sobre todo, estético. Ética y estética son palabras que producen una sonrisilla de suficiencia en muchos políticos y bastantes gestores que se jactan de pragmatismo. Bien, no seré yo quien predique en el desierto, pero insisto –por el lado estético- en el daño que se ha causado al sector turístico del Parque Natural, que vive de una imagen radicalmente distinta a la que se acaba de ofrecer cuando se permite entrar a cazar como quien dice a un corral donde, si disparas a ciegas, es difícil no matar algo. Esa imagen de caza ventajista, patética y casposa choca de frente con la de un Parque Natural que presume de ser uno de los grandes campeones de la biodiversidad europea. Estoy seguro, también, de que muchos cazadores, que entienden la caza de otra manera, se sienten hoy muy a disgusto con esta noticia. Por no hablar de los empresarios turísticos, que suelen ser discretos, pero que están que se suben por las paredes, al menos los que yo conozco.

Y atención, esto es lo que dice la propia web turística de la Consejería sobre el Collado del Almendral: “A estas espectaculares panorámicas hay que sumarle la posibilidad de observar, sin dificultad, a los grandes ungulados que habitan estas sierras. Aquí, ciervos, gamos, muflones y cabras monteses viven en semilibertad, por lo que sólo habrá que caminar en silencio para sorprenderlos alimentándose en algunos de los comederos”… “y disparar cómodamente sobre ellos”, se debería añadir desde ahora.

Hace años que, acertadamente, se cambió la denominación oficial del Collado del Almendral. Ya no se llama Parque Cinegético, como siguen repitiendo algunos medios, sino Parque de Fauna Silvestre. El nombre anterior no aludía a que se pudiera cazar en su interior, sino a que allí se pueden ver las especies cinegéticas más emblemáticas de un Parque Natural con larga tradición de caza mayor. El cambio de nombre obedeció a una filosofía  distinta, que ve la fauna, no solo como objeto de caza –que también- sino bajo un prisma mucho más amplio. Hoy, sin embargo, el Collado del Almendral parece convertirse, no ya en un parque cinegético, sino en una auténtica granja de caza intensiva.
¿No se les ha ocurrido otras alternativas a los gestores del Parque? ¿Tal vez una pequeña entrada a los visitantes? ¿O incluso su colaboración económica voluntaria? Sí, no se rían, vayan a otros países y lo verán. Y puede funcionar, si se sabe pedir. ¿Se han planteado el patrocinio? No, han ido a lo fácil, a vender el trofeo. 

Hoy, la comidilla de los habitantes del Parque Natural es la comparación con los tiempos en que Franco aterrizaba por aquí para liquidar el venado que le ponían delante. Pero seamos positivos. Aquel tipo no dejaba un duro en la Sierra. Ahora, sin embargo, los caprichos se pagan. Quieras que no, vamos mejorando.

Foto: Parque de Fauna Silvestre Collado del Almendral   http://www.sierrasdecazorlaseguraylasvillas.es

domingo, 7 de octubre de 2012

Octubre en la Sierra de Segura





Tiempo de equilibrio, de templanza en el ambiente, donde el agua y la luz no faltan ni sobran.  Es la otoñada en todo su esplendor, con sus primeras setas y sus primeros brochazos amarillos allí donde los chopos resaltan el curso de los ríos. Si la lluvia cumple, veremos cómo se redondea la aceituna, cómo vuelven a la vida los arroyos y cómo cientos de setas diferentes rompen sin violencia el suelo esponjoso del bosque, atrayendo en su busca a muchas personas que, como en ninguna otra época del año, penetran en las zonas más recónditas.

Comienza el espectáculo de los árboles y arbustos de hoja caduca: el arce se viste de un cálido amarillo, el pespejón pasa del cobre al rojizo y la cornicabra nos llama con un descarado carmesí. Pero a pesar de tanta belleza, el aire nos invita a cerrar los ojos y dejarnos llevar por el olfato, porque los aromas de la tierra, la humedad y la materia vegetal se mezclan y se fecundan unos a otros, en una íntima unión de la que tanta vida ha de surgir.

El acebo embellece aún más el verde oscuro y brillante de sus hojas con los frutos rojos y arracimados, mientras el avellano, que tan buenas migas hace con él en nuestra sierra, deja caer sus pequeñas y alargadas avellanas. A finales de mes ya maduran los primeros frutos del madroño, una delicia para el paladar -si no se abusa y se cogen en su punto- que coincide con la aparición de las florecillas blancas que fructificarán  al año siguiente.

Coscojas, encinas, quejigos y melojos regalan al bosque millones de  bellotas. Y sus habitantes del reino animal no ponen reparos a tanta abundancia. Lirones, ardillas y arrendajos guardan previsoramente los frutos que serán en invierno su alimento. Otros prefieren llevárselo puesto en forma de grasa acumulada, como la gineta, la garduña, el tejón y aves diversas. Se esconden la mayoría de los insectos y buscan  refugio los reptiles.

Foto: manzano en Fuente Segura, 3 de octubre 2012 - Javier Broncano


domingo, 23 de septiembre de 2012

Por fin empieza a realizarse el Sendero Bosques del Sur
























































Esta semana han comenzado a sembrarse las primeras balizas y señales de lo que muy pronto será el Sendero Bosques del Sur (GR 247). La entidad promotora, que es la Diputación de Jaén, ya lo ha adelantado en su web del Parque Natural, por lo que me permito anunciarlo también en este blog. Más adelante comentaremos su filosofía y sus características, pero por ahora baste con decir que, como se puede apreciar con un vistazo al mapa general, es un proyecto muy ambicioso que permitirá recorrer caminando los paisajes más representativos de nuestras Sierras.

Sumando los tramos del trazado circular más las variantes y ramales, el Sendero tendrá 479 km, y se apoyará en 11 refugios para poder pernoctar en las zonas donde no existe oferta privada de alojamiento. La mayoría de estos refugios se están construyendo en viejas casas forestales en desuso. El trazado circular tiene 21 etapas, a las que se suman otras 6 de las variantes transversales, que permitirán al senderista confeccionar a la carta su propia travesía. Todo el Sendero va por caminos ya existentes, sin abrir ninguno nuevo.

Para las personas que hemos estado y estamos intensamente involucradas en este proyecto, es una enorme alegría ver que por fin va para adelante, después de varios años en los que algunos llegamos a dudar de que algún día se hiciese realidad, sobre todo en los tiempos que corren.

Sin duda, el Sendero Bosques del Sur va a ser un impulso para la actividad senderista en nuestras Sierras y un recurso que va a dar una mayor proyección al Parque Natural. Aunque a mí, lo que más me gustaría, es que el Sendero Bosques del Sur sirva para una mayor valoración, conocimiento y disfrute de ese gran patrimonio que son nuestros caminos por parte de la propia sociedad serrana.

Y, bueno, pues que ¡no todo son noticias negativas...!


jueves, 13 de septiembre de 2012

Nuevos enlaces para descargar PDF's sobre la memoria rural, la trashumancia y los georrecursos





Para los que no sois muy amigos de rebuscar por este blog, os comento que en la columna derecha se han añadido enlaces para descargarse tres nuevos documentos en pdf: el libro "Crónicas de la memoria rural española", de Borja Cardelús (una joya de la primera a la última página), el "Cuaderno de la Trashumancia nº 10" de la serie hecha por el ICONA en los 90, y el capítulo dedicado a nuestras Sierras en la "Guía de Georrecursos de Andalucía". Que los disfruteis.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Ya no quedan furtivos como los de antes

Fotograma de Tasio, Montxo Armendáriz, 1984

Hace unos días, el Seprona de la Guardia Civil imputó por furtivismo a dos personas del término de Santiago-Pontones, a las que incautó un rifle ilegal con mira telescópica y silenciador, y un trofeo de jabalí.

El furtiveo tiene hondas raíces sociales pero el furtivo de ahora no tiene nada que ver con el de antes. Este cazaba para arrimar algo de carne a la olla, escasa siempre de proteínas, o escasa a secas; a lo sumo, buscaba también unas cuantas pieles que malvender al marchante. Se doctoraba bien joven en la universidad de ciencias aplicadas de la naturaleza y ya su vida era un interminable master de perfeccionamiento. Mantenía vivitas y coleantes en su cerebro todos las facultades necesarias para sobrevivir en la naturaleza, venidas a menos en la evolución humana, pero aún encriptadas en la información genética que todos heredamos. Por eso se conocía al dedillo las costumbres, los secretos, las querencias y hasta las manías de los animales. Casi era uno más de ellos, el más inteligente.

El furtivo de ahora deja la carne en el monte y se lleva el trofeo. Busca el dinero y algún motivo de jactancia para engordar su ego en el bar del pueblo. El arte en su oficio se limita a cerciorarse de que el bulto con cuernos que se mueve en el visor nocturno de su mira telescópica no tenga pinta de ser una vaca. Eso, y unas cuantas añagazas para intentar burlar a la guardia civil y a la guardería. Entre la actitud y las motivaciones de unos y otros furtivos hay una distancia sideral, tan grande como la que media entre la vida actual y la vida tradicional, que irremisiblemente desapareció en nuestro país entre 1950 y 1980.

Recoge Borja Cardelús cómo se las gastaban los viejos furtivos de Cazorla en su libro Crónicas de la memoria rural española, obra que si me pusiese a elogiar no habría espacio virtual suficiente en Blogger, aunque lo intentaré algún día. Reproduzco textualmente, porque tiene miga, el testimonio de un abuelo cazorleño que Cardelús cita:
“La cabra montés tenía mucha valentía, era un bicho de mucha sangre. Trepaba por las cuestas como si nada, y a la hora de ir a matarlas había que subirse por los cuchillares por donde ellas andaban. Pero tenían una carne fuerte, de mucho alimento, y estábamos en cazarlas. Como no teníamos escopetas ni medios, lo que hacíamos era poner una tabla orilla un barranco, asomando. Poníamos una zanahoria o una verdura en la tabla, pero cada vez más lejos, y la cabra se iba confiando, hasta que la tabla se vencía y se despeñaba barranco abajo”.

Cuando charlas con algunos ancianos de la Sierra sobre aquellos tiempos no te cuentan que fueran unos angelitos, sino unos buscavidas que vivieron su juventud en unos tiempos cuyas penurias hoy apenas imaginamos. Tuvieron que dominar todos los oficios, y lo que daba el monte –caza, leña, setas, hierbas silvestres- eran recursos a los que había que recurrir, sí o sí, fuera quien fuera su propietario más o menos legítimo –que esa es otra. Aún hoy en día, cuando voy a mi Madrid natal y paseo por el parque de Entrevías –una zona de Vallecas masivamente poblada por emigrantes andaluces- me asombra ver a algunos mayores recogiendo determinadas hierbas silvestres para las que nadie, salvo ellos, tiene ojos.

En 1984, Montxo Armendáriz levantó acta de defunción y puso el mejor epitafio posible para el viejo oficio del furtivo con su inolvidable película Tasio. Hace décadas que no quedan Tasios, relevados por lamentables caricaturas disfrazadas de Rambo. Entre los Tasios y los Rambos no media una simple mudanza cultural, sino todo un cambio de civilización, como dice acertadamente Mercedes Álvarez en otra genial –aunque mucho menos popular- película de 2004: El cielo gira. Pero en esta otra civilización, la nuestra, la que vive a crédito y dispone –todavía- de energía a espuertas, en la que por suerte no necesitamos salir a poner trampas por la noche a la finca del señorito o del Estado, tenemos mucho que aprender de aquella otra que conocieron, sufrieron y gozaron nuestros abuelos y bisabuelos, de los que nos quedan sus testimonios con un valor incalculable. Pero, además, nuestros propios cerebros aún guardan como oro en paño en sus más secretos recovecos una memoria dormida mucho más primigenia, que atesora el código de las capacidades desarrolladas por una especie que fue capaz de levantarse sobre dos piernas y aprender a gestionar el fuego.

Tal vez por eso esta mañana, cuando he subido al monte para el ritual anual de recoger piñas de negral con las que encender la lumbre en invierno, el aroma a mejorana que levantaban mis pisadas ha hecho que mi cerebro emitiera orden imperativa de tirar el saco al suelo, cerrar los ojos y respirar profundamente durante unos largos instantes.

Imagen: fotograma de Tasio. Filmoteca Española. España es cultura 

Aquí puedes descargarte, de manera legal y gratuita, el libro Crónicas de la memoria rural española, publicado en 2011 por el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino

domingo, 2 de septiembre de 2012

Catalina Madueño termina su etapa en el Parque Natural dejando alto el listón de la dirección












Catalina Madueño acaba de dejar su cargo de directora-conservadora del Parque Natural, que ostentaba desde diciembre de 2007. Como miembro de la ONG Ecologistas en Acción he tenido desde entonces una fluida relación con ella. Su trabajo al frente del Parque me ha parecido muy importante, sobre todo teniendo en cuenta los estrechos límites políticos y presupuestarios en los que se mueve la gestión de los espacios protegidos.

Dos cosas me parecen reseñables en su manera de afrontar la dirección del Parque: que no ha optado por mirar hacia otro lado ante ningún problema y que ha sabido dialogar con todos los agentes sociales involucrados en la vida del Parque sin dejar de estar en su sitio. Estas virtudes, además de su actitud claramente vocacional y su talante comunicativo, son imprescindibles para cualquier gestor de un espacio protegido, ámbito en el que confluyen objetivos e intereses a menudo contrapuestos con un gran potencial de conflictividad. He de decir que, incluso cuando ha habido algún encontronazo -inevitable en estas lides- la cordialidad se ha restablecido con prontitud gracias a su buena disposición para el diálogo.

Catalina Madueño se marcha dejando alto el listón de la dirección del Parque y personalmente le deseo mucha suerte, tanto a nivel personal como en su nueva responsabilidad al frente de la Agencia de Gestión Agraria y Pesquera de Andalucía.

Foto: Ideal

sábado, 1 de septiembre de 2012

Septiembre en la Sierra de Segura


























Las brisas nuevas y los primeros chaparrones sacan de la espesura a los machos de venado, llamados a una antigua cita en los calveros del bosque para batirse a testarazos por el privilegio de gozar en exclusiva del harén. El profundo bramido de celo y el entrechocar furioso de las cuernas, rompen la calma de la madrugada y del anochecer con la llamada primigenia del sexo. Luchar, perseguir a las hembras y cubrirlas, es casi la única actividad que realizan los grandes machos durante días, llegando a una extenuación que les puede hacer perder hasta un 20% de su peso. Las luchas, aunque largas, no son casi nunca cruentas, pues se trata más bien de exhibiciones de poderío en las que el perdedor, agotado, opta por poner tierra por medio y dejar el asunto para mejor ocasión, generalmente sin ser perseguido. Las hembras, mientras tanto, observan el drama con aparente pasividad, pero excitadas por el fuerte olor del barro que han formado los machos con su propio orín y en el que se han revolcado una y otra vez. Algunos lugares tradicionales de berrea de la Sierra son menos frecuentados que antes por los ciervos, molestados por grupos de turistas ruidosos, que acuden atraídos por la publicidad del espectáculo salvaje facilón e incapaces de mantener la discreción que la ocasión requiere.

Son muchas las aves que afrontan la extraordinaria aventura anual de la migración hacia tierras africanas. En pueblos y aldeas se echa de menos, al atardecer, el sonido de golondrinas, aviones comunes y vencejos. Como preludio del austero ambiente que se acerca, nos quedamos también sin el colorido casi tropical del abejaruco y sin el canto del ruiseñor. De noche, deja de oírse el penetrante "quiú, quiú" del autillo. Las culebras y otros reptiles, mientras cazan cuanto pueden para acumular  reservas de cara al invierno, ven con alivio cómo parte su peor enemiga, el águila culebrera, que nos priva de la contemplación de su vuelo sostenido e infatigable. Cruzará el Estrecho, atravesará Marruecos y pasará el invierno en las cálidas estepas de Senegal o Nigeria. Una ruta similar seguirá  nuestra águila más pequeña: la calzada.

Todos los tonos del rojo se hacen presentes en el monte al madurar los frutos de muchas especies, como el rosal silvestre, el torvisco, el majuelo, la cornicabra, el lentisco, el aladierno, o la olivilla. También nos da sus frutos azul oscuro el endrino, con los que se elabora un excelente licor.

Del libro "La Sierra de Segura. El Sur Verde" - Javier Broncano y Joaquín Gómez
Foto: Felicity Smith (thank you, Fliss!)