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La Laguna Blanca, habitualmente seca, muestra este año un aspecto excepcional |
Es una
suerte que nuestra Sierra y La Mancha sean vecinas, y tan bien avenidas desde
siempre. Hay días en que apetece que nada limite nuestra vista, que los
horizontes se ensanchen y que el esfuerzo al caminar sea el justo para
entregarse sin reservas al paisaje, o dicho más a lo llano, que no haya
cuestas. Entonces te vas a La Mancha. ¡Qué lujo, si además hay agua, y sabinas
albares, y patos y aguiluchos laguneros! O sea, si estás en las Lagunas de
Ruidera. A mí me gustan todas, pero sobre todo las primeras y las últimas porque,
aunque sean las más pequeñas, son las que no han sido mancilladas por una
urbanización descontrolada y conservan la esencia de Ruidera.
Este
año, además, es una gozada ver que la Laguna Blanca -la más cercana a nuestra comarca- vuelve a
tener agua, porque lo habitual desde hace ya muchos años es verla reducida a un
secarral de tierra blanca. De hecho, hay mapas en los que no figura, o solo consta el nombre pero no está repesentada gráficamente, como si ya solo fuera un fantasma del pasado.
En la zona hay tres grandes rutas señalizadas, que
se solapan en varios tramos: el Camino Natural del Guadiana, el Camino de Don
Quijote y el GR 114. Durante este mes de febrero he ido un par de veces a
caminar por los encinares y sabinares del entorno de las primeras lagunas y
recorrer luego los caminos que bordean las lagunas Blanca, Tomilla y Conceja,
disfrutando de soleados días de invierno y de una tranquilidad maravillosa,
incluso en fin de semana (nada que ver con el ambiente de las lagunas más
grandes y accesibles). Animaros, aún queda invierno y el agua que circula por
Ruidera va a más. Los somormujos y los laguneros no faltarán a la cita.
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Laguna Tomilla |
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Señalización |
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Cortijo |
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Sabinar de sabina albar |
Fotos: Javier Broncano Casares
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