jueves, 9 de septiembre de 2010

El jardín botánico de La Peña, echado a perder


























Dos de las fotos, hechas en junio de este año, muestran el estado de abandono de la Colección de Flora de La Peña el Olivar. Fotos: Javier Broncano 

La Colección de Flora Autóctona de La Peña del Olivar es un pequeño jardín botánico situado en el Área Recreativa del mismo nombre y propiedad de la Consejería de Medio Ambiente. Su estado es, desde hace algunos años, lamentable.

La vegetación crece sin control, algunos elementos de mobiliario están rotos o en mal estado y en algún punto hasta hay peligro de caída tras la erosión causada por las fuertes lluvias del invierno pasado. Las plantas que forman la colección no están bien mantenidas y los elementos informativos son pocos y difícilmente visibles. No hay elementos interpretativos que permitan conocer un poco nuestra flora y aprovechar la visita. Ni siquiera hay un horario claro de apertura. Todo ello a pesar de que el lugar, aunque pequeño, reúne mejores condiciones de suelo, clima, agua y sombra que el Jardín Botánico de Torre del Vinagre, que sí está cuidado y bien aprovechado.

Las posibilidades de la Colección de La Peña son grandes en los ámbitos del turismo y la educación ambiental, pero está casi echada a perder. Los amantes de la botánica de diversos lugares de España que se acercan a ella se asombran de la cantidad de especies que se pueden observar en poco espacio y de la excepcionalidad de algunas de ellas – como Euonimus latifolius- pero se llevan las manos a la cabeza cuando comprueban el abandono que sufre.

Está bien poner en marcha cosa nuevas, pero a veces es más eficaz poner en valor lo que se tiene, sobre todo cuando los recursos presupuestarios escasean.  El Parque Natural, y en particular la zona de Siles, saldrían muy beneficiados si la Colección de Flora Autóctona de La Peña del Olivar recibiese un mantenimiento profesional, se la dotase de elementos informativos de calidad, se la publicitase adecuadamente y se organizasen en ella actividades educativas para escolares, para la población de la comarca, para los visitantes e incluso para aficionados y especialistas botánicos. Dejaría de ser un lugar deprimente y se convertiría en un recurso de calidad de los que la Sierra de Segura anda tan escasa.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Aldeas sin nombre, personas invisibles

















Una de las muchas aldeas de la Sierra de Segura que carecen de la indicación de su nombre - Foto: Javier Broncano

Docenas de aldeas de la Sierra de Segura no tienen indicación alguna de su nombre. Algunas, carecen incluso de señal que informe de su acceso por carretera. Para quien no las conozca, son totalmente anónimas.

Esto supone inconvenientes prácticos para sus habitantes, sean permanentes o temporales. Es frecuente que el cartero o el equipo de urgencias médicas, si no llevan tiempo en la comarca, tengan dificultades para encontrar algunos lugares. Lo mismo ocurre con cualquier servicio de entrega a domicilio o incluso con los amigos que quieren visitar a un vecino, por no hablar del turista que busca una casa rural o, simplemente, quiere saber dónde está.

Pero además, el anonimato de tantas de nuestras aldeas causa otro tipo de daños menos tangibles. ¿Hace falta recordar que el nombre de un lugar habitado es la piedra angular en la que se apoya la memoria y el sentido de pertenencia de sus habitantes? El nombre de una aldea evoca historias, paisajes, personas. El nombre de una aldea es una herencia sagrada del pasado, pero también una puerta al futuro que siempre debe estar abierta. El nombre de una aldea es el otro nombre de cada uno de sus habitantes y de sus hijos.

Cuando se habla de las aldeas, son frecuentes los lamentos retóricos por un pasado perdido y supuestamente bucólico al que, en realidad, nadie queremos volver. Es cierto que los cambios de las últimas décadas han pasado como un ciclón por las aldeas y que es fácil, al verlas, dejarse invadir por la melancolía. Pero la vida es impermanencia y es de sabios aceptarlo. Tan impermanente es todo que, en los últimos veinte años, en las aldeas se han reconstruido muchas casas que se habían venido abajo. Así que reivindicar la dignidad de las aldeas no es una cuestión de folclore.

Sí, la vida da muchas vueltas. Por eso, a una aldea no le debe faltar el agua, la electricidad, la carretera asfaltada, la cobertura de móvil, el acceso a internet... ni el nombre. Porque sin el nombre, parece que todo lo demás está condenado a durar un suspiro de la historia.

Linarejos, Valdemarín, Poyotello, Arroyo Frío, El Pelón, La Espinarea... 

Por cierto, la foto muestra la entrada de una de las muchas aldeas anónimas de la Sierra de Segura. ¿Sabes su nombre?

lunes, 30 de agosto de 2010

¡¡Hola!!

















Aldea de Moralejos (Segura de la Sierra)
Foto tomada durante los trabajos del proyecto técnico del Gran Sendero
Javier Broncano 

"¡Vaya vacaciones que se ha tomado el pájaro este!", estareis pensando después de dos meses de inactividad del blog. ¡Ya quisiera yo! La verdad es que ha sido el primer año de mi vida que no he tenido vacaciones, y que el motivo de tener abandonado el blog no ha sido que haya estado holgando felizmente, sino currando a tope sin tener tiempo para otra cosa.

Desde mediados de primavera - y con especial intensidad los últimos tres meses-  he estado trabajando en dos proyectos muy ilusionantes. Uno ha sido la elaboración de contenidos de una web del Parque Natural, y el otro el proyecto técnico del Gran Sendero del Parque. En ambos he tenido la suerte de compartir ideas, trabajo y entusiasmo con personas que aman y conocen bien estas Sierras.

No me corresponde, lógicamente, hablar de estos proyectos. Sólo comentar que estoy convencido de que la web va a ser muy útil, tanto para el sector turístico del Parque como para los visitantes. Y que el Gran Sendero, cuando se ejecute, será una de las rutas senderistas más potentes de España.

Por cierto: ¿cómo es posible que aún no exista un club senderista en la Sierra de Segura...?

sábado, 3 de julio de 2010

Un maravilloso país para defenderlo, no para ponerlo en peligro





































Hoy me publica diario Jaén un artículo sobre el problema de los vuelos militares en el Parque Natural. Mi agradecimiento a los responsables el periódico.

Este es el último párrafo:

"España, por suerte, es así: el país con mayor patrimonio ecológico de Europa. Y este extraordinario territorio es el que los ciudadanos han encargado a las Fuerzas Armadas que defiendan, no que lo pongan en peligro. Estoy seguro de que, con voluntad de consenso y sentido de país, pueden preservarse nuestros excepcionales espacios naturales al mismo tiempo que la operatividad y la buena imagen de las Fuerzas Armadas españolas, que necesitan con urgencia dotarse de un código de buenas prácticas con respecto a los espacios naturales, protegidos o no. Hoy, el nordeste de la provincia de Jaén es el mejor lugar para demostrar que esa voluntad existe."

Para leerlo entero, haz clik aquí o sobre la imagen.(Para verlo bien, elegir opción Descargar)

viernes, 2 de julio de 2010

Pobre Hornos, pobre Sierra de Segura, pobre Parque Natural

















Foto: http://salvemosnuestrovalle.blogspot.com


Esto es lo que queda de la famosa la vista de Hornos tras la colocación de las torres de alta tensión. Sobre la protección de nuestro patrimonio paisajístico hay estupendas cosas escritas en el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales del Parque y en el Plan de Ordenación del Territorio de la Sierra de Segura. Pero la cruda realidad es la que veis en la foto. Una patética carta de presentación para el Parque, y en particular para Hornos de Segura.

Dentro de veinte o treinta años, cuando se haga un proyecto para retirar este bodrio y soterrar la línea, pensarán en lo zoquetes que éramos en 2010. Pero hoy..."¡el que venga detrás, que arrée!". Buen lema para la visión de algunos sobre el desarrollo sostenible.

domingo, 27 de junio de 2010

Cuando la educación ambiental no era necesaria (en homenaje a José Saramago)





















Cuando, hace tres años, leí las "Pequeñas memorias" de Saramago, este párrafo lo releí con emoción varias veces. Mi infancia pasó en el asfalto madrileño. La de mis hijos, por suerte, se pareció algo más a la de Saramago, aunque también han luchado contra los tiranosaurios virtuales.
El final del largo párrafo es maravilloso.
Hasta siempre, Saramago. Y gracias, porque nunca dejaste de ser el niño pobre y sensible de Azinhaga.

[…] Entonces le digo a mi abuela: “Abuela, me voy a dar una vuelta por ahí”. Ella responde: “Vete, vete”, pero no me recomienda que tenga cuidado, en ese tiempo los adultos tenían más confianza en los pequeños a quienes educaban. Meto un trozo de pan de maíz y un puñado de aceitunas e higos secos en la alforja, elijo un palo por si se diera el caso de tener que defenderme de un mal encuentro canino, y salgo al campo. No tengo mucho donde elegir: o el río, y la casi inextricable vegetación que le cubre y protege las márgenes, o los olivares y los duros rastrojos del trigo ya segado, o la densa mata de rosáceas, hayas, fresnos y chopos que bordean el Tajo, después del punto de confluencia con el Almonda, o, por último, hacia el norte, a unos cinco o seis kilómetros de la aldea, el Paular del Boquilobo, un lago, un estanque, una alberca que al creador de los paisajes se le olvidó llevarse al paraíso. No había mucho donde elegir, es cierto, pero, para el niño melancólico, para el adolescente contemplativo y tan frecuentemente triste, éstas eran las cuatro partes en que se dividía el universo, de no ser cada una de ellas el universo entero. Podía la aventura alargarse horas, pero nunca acabaría antes de que su propósito hubiese sido alcanzado. Atravesar solo las ardientes extensiones de los olivares, abrir un arduo camino entre los arbustos, los troncos, las zarzas, las plantas trepadoras que levantaban murallas casi compactas en las orillas de los dos ríos, escuchar sentado en un claro sombreado el silencio del bosque solamente quebrado por el piar de los pájaros y por el crujir de la enramada al impulso del viento, moverse sobre el paular, pasando de rama en rama a lo largo y ancho de la extensión poblada de sauces llorones que crecían dentro del agua, no son , se diría, proezas que justifiquen mención especial en una época como la nuestra, en que, a los cinco o seis años, cualquier niño del mundo civilizado, incluso sedentario e indolente, ya ha viajado a Marte para pulverizar a cuantos hombrecitos verdes le salieran al paso, ya ha diezmado al terrible ejército de dragones mecánicos que guardaba el oro del Fuerte Knox, ya ha hecho saltar en pedazos al rey de los tiranosaurios, ya ha bajado sin escafandra ni batiscafo a las fosas submarinas más profundas, ya ha salvado a la humanidad del aerolito monstruoso que iba a destruir la Tierra. Al lado de tan superiores hazañas, el muchachito de Azinhaga sólo podría presentar su ascensión a la punta extrema del fresno de veinte metros, o si quieren, modestamente, aunque con mayor provecho para el paladar, sus subidas a la higuera del huerto, por la mañana temprano, para alcanzar los frutos todavía húmedos por el rocío nocturno y sorber, como un pájaro goloso, la gota de miel que de ellos brotaba. Poca cosa, es verdad, pero me parece más que probable que el heroico vencedor del tiranosaurio ni siquiera sería capaz de atrapar una lagartija con la mano.

Las pequeñas memorias. José Saramago. Alfaguara, 2006 (Págs. 20 – 22)

miércoles, 23 de junio de 2010

La Junta de Andalucía no consigue evitar los vuelos militares sobre el Parque

















El espectáculo cotidiano en los cielos del Parque. Foto: Javier Broncano

















Incendio provocado por un avión militar en Cañada Catena en septiembre de 2009. Foto: Diario Jaén

Según publica hoy Diario Jaén, el Ejército del Aire no tiene intención alguna de cesar los vuelos sobre el Parque Natural.

El pasado 14 de enero, el Pleno de la Junta Rectora del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas aprobó por unanimidad que el presidente de dicho órgano colegiado y el Delegado Provincial de Medio Ambiente pidieran al Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía que haga las gestiones necesarias ante el Ministerio de Defensa para que se eviten los frecuentes vuelos militares sobre el Parque.

Dichos vuelos son molestos para los habitantes del Parque y para los visitantes por la frecuencia con que se producen estruendosas rupturas de la barrera el sonido. Pero, sobre todo, son ilegales según el vigente Plan de Ordenación de los Recursos Naturales y han demostrado su alta peligrosidad a raíz del gravísimo incendio forestal provocado por el accidente ocurrido el pasado mes de septiembre.

Desde Ecologistas en Acción esperamos que el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía dé cuenta del resultado de las gestiones pedidas por la Junta Rectora del Parque. Además, estamos convencidos de que, con buena voluntad por todas las partes, se puede llegar a un acuerdo para que no se ponga en peligro el Parque ni la seguridad de sus habitantes, al tiempo que se preserva la operatividad y la imagen de las Fuerzas Armadas.

miércoles, 16 de junio de 2010

Peluseros, un desconocido aprovechamiento sostenible que aún perdura

 He aquí unas imágenes magníficas de mi muy admirado Luis Miguel Domínguez que recientemente han vuelto a ser emitidas por TVE en la serie documental Tesoro del Sur. ¡Imprescindible verla!

sábado, 5 de junio de 2010

Alta tensión: un fracaso del Parque Natural





















Hornos de Segura sufre el impacto paisajístico de la línea sin soterrar - Foto: diario Ideal

Mientras se anuncia que la zona de vuelo libre del Yelmo quedará libre de cables mediante el desvío de la línea de alta tensión -lo cual es de agradecer-, el conjunto de las instalaciones de esta línea quedará tal cual, es decir, sin soterrar. Torres y cables constituyen un hachazo paisajístico a toda la zona entre Orcera y Hornos de Segura.

El entorno de este último pueblo, cada vez más volcado en el turismo, se verá especialmente afectado. Los intereses de los empresarios turísticos de Hornos, no cuentan. El derecho de los habitantes de la Sierra a disfrutar de un paisaje bien conservado, tampoco. La conservación de las rapaces, menos. Las peticiones de Ecologistas en Acción en la Junta Rectora del Parque, ya ni te cuento.

Pero hay más. El Plan de Ordenación del Territorio de la Sierra de Segura, que contempla la protección específica de este paisaje, ha quedado en papel mojado. Y el Parque Natural, como figura de protección, ha cultivado uno de sus más sonoros fracasos.

Probablemente, la mayoría de la sociedad serrana esté demasiado agobiada con otros problemas más perentorios como para protestar por estas cosas. Pero fuera de aquí, el hecho de que un Parque Natural con el prestigio del nuestro se trague una línea de alta tensión aérea se ve con incredulidad y una cierta indignación.

Supongo que habrá dirigentes políticos que piensen que soterrar una línea de alta tensión es un lujo que este país no se podrá permitir hasta dentro de veinte años. Otros estamos convencidos de que estas cosas deberían hacerse bien desde hace veinte años. Un desfase mental de cuarenta años es lo que hace que la repetida cantinela del desarrollo sostenible suene hueca en tantos discursos. Hoy, Día Mundial del Medio Ambiente, nos han vuelto a aburrir con unos cuantos más.

Profesores del Parque Natural en el cañón del Segura


















Foto de familia de los asistentes al curso

El camino por el cañón del Segura entre las aldeas de Poyotello y La Huelga Utrera, pasando por la Cueva del Agua, es uno de los más placenteros que se pueden recorrer en la Sierra de Segura. Hace unos días lo disfruté junto a un grupo de profesores de la comarca, asistentes al curso del CEP sobre didáctica del paisaje del que he sido ponente.

Este año, con todo lo que ha llovido, la vegetación está exuberante y la Cueva del Agua hace honor a su nombre, lo que no siempre ocurre. Tuvimos la suerte de ver en flor especies tan escasas y tan nuestras como la violeta de Cazorla y la atrapamoscas, la pequeña carnívora de los paredones húmedos a la que le encanta merendar mosquitos. Aunque otras especies mucho más comunes también hicieron nuestras delicias, porque pudimos frotarnos las manos con orégano y con la deliciosa melisa (¿habrá infusión más rica?).

Vimos también desde el microbús dos estampas fugaces, pero inolvidables. Una, de un gran macho montés trepando monte arriba muy cerca de nosotros. Y otra, mucho más rara: un halcón peregrino que soltó en el asfalto su presa –una paloma- para remontar el vuelo sin lastre, asustado por el extraño intruso metálico relleno de humanos. No tardó en volver a por lo que era suyo.

En fin, una tarde inolvidable que finalizó con un tranquilo paseo por las callejuelas de la aldea de La Huelga Utrera, que dejó prendados a los que aún no conocían estos remotos pagos. Un punto negativo: el panel que señaliza la ruta en La Huelga Utrera lleva ya bastante tiempo destrozado, igual que algunos postes con flechas indicativas que hay a lo largo de la ruta. Y una sorpresa positiva: la Confederación Hidrográfica del Segura está arreglando este camino, que está llamado a ser uno de los recursos con más tirón de la Sierra de Segura.

Mi mayor deseo es que lo que se ha tratado durante el curso acabe, de una u otra manera, llegando a las aulas, porque la educación ambiental es básica para que estos lugares se conserven y sean también valorados como un bien que acrecienta el atractivo de nuestra comarca a través del turismo sostenible.















Atrapamoscas (Pinguicola vallisneriifolia) en un chorreón de la ruta. Foto: Javier Broncano